KUMAMOTO / SAN SALVADOR. El 28 de julio, un terremoto de magnitud 7.1 sacudió la prefectura de Kumamoto, en el suroeste de Japón. El segundo piso de un centro comercial Aeon Mall, en el pueblo de Kashima, se vino abajo y después estalló. Adentro había unas 3,000 personas haciendo compras.

El balance de la prefectura, una semana después, es de 38 muertos y 127 heridos. Del centro comercial derrumbado los rescatistas sacaron siete cuerpos y cinco sobrevivientes; la búsqueda se dio por terminada el 1 de agosto sin encontrar a nadie más.

Esta nota no trata de Japón. Trata de lo que ese derrumbe significa leído desde acá.

El país que mejor construye del mundo

Japón es la referencia mundial en construcción antisísmica. Su código se reformó en 1981 —lo que allá llaman shin-taishin, la nueva norma— para exigir que los edificios resistan sin colapsar un sismo de intensidad 6 a 7 en la escala japonesa, y se volvió a endurecer en el año 2000, sobre todo para las casas de madera.

Ese esfuerzo se puede medir. Tras los sismos de Kobe (1995) y del propio Kumamoto (2016), los estudios de daños encontraron que las viviendas de madera levantadas bajo la norma anterior a 1981 colapsaron en cerca del 28 % de los casos; las construidas con la norma nueva, en un 9 %; y las posteriores a la revisión del 2000, en apenas un 2 %.

Aun así, el 28 de julio se cayó un centro comercial con tres mil personas adentro. Ese es el punto: ni el código más estricto del mundo vuelve inofensivo a un terremoto. Lo que hace es bajar el número de muertos.

La norma salvadoreña cumple 32 años

El Salvador se rige por la Norma Técnica para Diseño por Sismo, parte del Reglamento para la Seguridad Estructural de las Construcciones, elaborada por el Ministerio de Obras Públicas en 1994. No se ha actualizado desde entonces: 32 años.

No es una queja de gremio. Es lo que reconoce el propio Estado. En la descripción del proyecto para renovar la normativa, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) señala que el reglamento «no ha sido actualizado desde 1994 y presenta deficiencias en la estimación de la amenaza sísmica del país».

Para corregirlo, el MARN trabaja desde 2021 con el Ministerio de Obras Públicas, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en los estudios técnicos que servirán de base a la norma nueva, y publicó una plataforma web, PRASEDES, para que los diseñadores estructurales usen esos resultados. Los insumos existen; la norma actualizada todavía no entra en vigencia.

Por qué importa acá y no allá

El Salvador está entre los países más sísmicos del continente: es el punto donde la placa de Cocos se mete bajo la del Caribe, y además tiene una cadena de fallas locales que produce los sismos más destructivos, los superficiales.

El recordatorio más caro está a la vista de cualquiera que tenga más de treinta años. El 13 de enero de 2001, un sismo de magnitud 7.7 dejó 944 muertos según cifras oficiales; solo en la colonia Las Colinas, en Santa Tecla, un deslave sepultó unas 200 viviendas y mató a más de 600 personas. Un mes después, el 13 de febrero, otro de magnitud 6.6 dejó 315 muertos. La Cepal calculó los daños del primero en 1,255.4 millones de dólares.

Los dos sismos ocurrieron con la norma de 1994 vigente. Sigue vigente hoy.

El detalle que se entiende en cualquier idioma

Hay un dato del derrumbe japonés que no necesita traducción. Dos empleadas de una tienda del centro comercial habían logrado salir tras el sismo. Su empleador les indicó que volvieran adentro a guardar el dinero de las ventas en la caja fuerte. Entraron, y murieron en la explosión. Una de ellas, Kurumi Otake, tenía 22 años.

La empresa que opera la tienda reconoció públicamente que las instrucciones que dio ese día «no fueron apropiadas» y pidió disculpas a la familia de una de las víctimas.

Ese gesto —mandar a un trabajador de vuelta a un edificio dañado por la caja— es perfectamente imaginable en cualquier negocio salvadoreño. Y ahí se cierra la comparación: la diferencia entre Japón y El Salvador no está en la naturaleza de los temblores ni en la conducta de la gente. Está en la calidad de lo que se construye, y en cada cuánto se revisa la regla con la que se construye.

Con información de la prefectura de Kumamoto, The Japan Times, la agencia japonesa Kyodo, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales de El Salvador, la Cepal y registros oficiales de los terremotos de 2001.