La poeta, docente, artesana y gestora cultural Krisma Mancía murió la madrugada del sábado 25 de julio a los 46 años, según confirmaron sus familiares a través de redes sociales. Las causas del fallecimiento no fueron detalladas públicamente. Con ella se va una de las voces más reconocidas de la poesía salvadoreña contemporánea y una de las escritoras del país con mayor proyección internacional.
Mancía nació en San Salvador el 13 de febrero de 1980. Estudió Letras en la Universidad de El Salvador, teatro en la Escuela Arte del Actor y escultura y cerámica en el Centro Nacional de Artes (CENAR). Se formó también en el Taller de Talentos de la Casa del Escritor–Museo Salarrué, bajo la tutoría del escritor Rafael Menjívar Ochoa, y cursó estudios en Género y Derechos Humanos.
Su obra publicada incluye los poemarios La era del llanto (2004), Viaje al Imperio de las Ventanas Cerradas, Nueva Cosecha y Pájaros imaginarios y trenes invisibles entre tu ciudad y la mía. Con el segundo ganó en 2005 el I Premio Internacional de Poesía Joven La Garúa, en Barcelona, y el libro se publicó en España en 2006. Sus textos aparecieron en antologías y revistas literarias de El Salvador, América Latina y Europa, y participó en festivales y encuentros de escritores dentro y fuera del país.
Catorce años en el sector cultural y un despido
Antes de dedicarse por completo a la escritura, Mancía trabajó 14 años en el servicio público cultural. Fue la primera directora de la Casa de la Cultura de la Mujer en Ciudad Mujer y coordinó los Juegos Florales de El Salvador, uno de los certámenes literarios más antiguos del país.
La propia poeta reveló en sus redes sociales que fue separada de su cargo en el Ministerio de Cultura apenas tres semanas después de reincorporarse de una incapacidad médica. Durante esa incapacidad, según su denuncia, fue diagnosticada con insuficiencia cardíaca en etapa III y dos padecimientos crónicos más. De acuerdo con lo publicado por El Diario de Hoy, tras ser «despojada de su empleo» quedó «desprovista de seguro y sin indemnización alguna». La escritora Nayda Acevedo Medrano se refirió públicamente al «injusto despido» de Mancía del Ministerio.
El Ministerio de Cultura atravesó una reestructuración profunda en 2024: el 26 de junio de ese año la Asamblea Legislativa aprobó el decreto 33 —publicado en el Diario Oficial n.° 121, tomo 443, el 3 de julio—, que derogó el capítulo VII de la Ley de Cultura, la base legal de las Casas de la Cultura. Con esa reforma esos espacios desaparecieron en todo el país y más de 300 empleados fueron despedidos. El Ministerio no se ha pronunciado públicamente sobre el caso de Mancía.
«Si no escribo, moriría»
La frase se la dijo a La Prensa Gráfica en una entrevista de 2017 y quedó como la mejor definición de su relación con el oficio. La escritura no era para ella un adorno de la vida pública: era el modo en que la sostenía.
«Si no escribo, moriría.»
Paralelamente a la literatura, Mancía fundó Krismática, una marca de joyería artesanal hecha con papel reciclado que llegó a venderse fuera de El Salvador. Los collares que aparecen en sus retratos más difundidos son piezas suyas.
El duelo del gremio
La noticia sacudió al ámbito literario y cultural salvadoreño. La poeta y editora Alexandra Lytton Regalado la recordó así: «Krisma Mancía fue una de esas poetas cuya voz era inconfundible desde el primer verso: intensa, precisa y auténtica». Y agregó: «Su muerte nos deja un vacío inmenso, pero no tengo duda de que su obra seguirá ardiendo entre nosotros».
La escritora Lauri García Dueñas, de su misma generación, dijo: «Nací el mismo año que ella. Una gran mujer, una gran poeta, gran gestora cultural». Sobre su escritura señaló que se trata de «una obra compleja, con un lenguaje desarrolladísimo», y añadió: «La comunidad poética lamenta la partida de uno de sus mejores elementos». La editora Nayda Acevedo Medrano la despidió con una frase sobre el vínculo que las unió: «No solo editaba mis libros, nos convertimos en cómplices a lo largo de aprendernos en el oficio, en la vida».
Mancía deja una hija de 18 años, Valeria, fruto de su relación con el también fallecido escritor Rafael Menjívar Ochoa.
En estos mismos días el país despidió además a Edgardo Cuéllar, voz histórica de la radiodifusión salvadoreña y del Teatro Hamlet. Dos pérdidas seguidas para un sector que suele hacer mucho con muy poco.
Desde Pluma Libre expresamos nuestras condolencias a su hija, a su familia y a la comunidad literaria salvadoreña. Descanse en paz, Krisma.

