Irán vive jornadas de duelo masivo con el funeral nacional de tres días en honor al ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo que gobernó el país desde 1989 y que murió a los 86 años. Las exequias se concentran en el complejo de la Gran Mosalá de Teherán, convertido en una fortaleza bajo estrictos anillos de seguridad.
Jameneí murió el 28 de febrero, el primer día de los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní, producto de un ataque aéreo selectivo. El funeral, celebrado más de cuatro meses después, fue aprovechado por la cúpula del régimen como vitrina política: la marea humana que acompañó el cortejo coreó consignas contra Washington, Israel, Donald Trump y Benjamin Netanyahu.
El acto, sin embargo, quedó marcado por una ausencia: la de Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido y designado como su sucesor. El nuevo líder supremo, de 56 años, habría resultado herido en las acciones militares de febrero y no ha aparecido en público desde entonces, limitando su contacto institucional a comunicados escritos.
La ausencia del heredero alimenta las dudas de los analistas internacionales sobre la solidez de la línea sucesoria y sobre quién ejerce realmente el poder en la república islámica, en uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
Los restos de Jameneí serán sepultados el 9 de julio en su ciudad natal, Mashhad, en el noreste del país, con lo que se cerrará el ciclo fúnebre de quien fue, durante más de tres décadas y media, el hombre más poderoso de Irán.
Con información de El Tiempo, El Financiero, Proceso y agencias.

