Un video del padre Brent Bowman, sacerdote de la Arquidiócesis de Saint Paul y Minneapolis, en Estados Unidos, circula desde esta semana en redes sociales: en plena consagración, el sacerdote no logra elevar el cáliz, lo baja al altar con las manos temblorosas y se inclina a llorar durante más de un minuto.

Ocurrió el lunes 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en la parroquia San Gabriel Arcángel de Hopkins, Minnesota. Bowman, ordenado en 2024 y capellán de Chesterton Academy, un colegio católico de secundaria, celebraba la misa ante alumnos, maestros y personal del colegio y feligreses de la parroquia. La transmisión en vivo de la misa grabó el momento.

«El cáliz se volvió demasiado pesado»

Ante la difusión del video, el sacerdote publicó el 16 de septiembre un testimonio en el sitio de la arquidiócesis. Relata que, mientras pronunciaba las palabras de la consagración sobre el vino, recibió lo que cree que fue «un conocimiento interior del poder de estas palabras», al punto de que le costaba hablar.

«Sentí la pesadez de la presencia sustancial de Jesús en el cáliz que tenía en mis manos. El cáliz se volvió demasiado pesado para sostenerlo», escribió. «Sentí mis manos fijas al cáliz de la Preciosa Sangre y no podía moverlo físicamente».

Según su relato, en ese tiempo en que no pudo elevarlo cree haber recibido la gracia de comprender «más profundamente» la Pasión y «cuánta sangre derramó Cristo por el inmenso peso de todos nuestros pecados».

«No fue un milagro eucarístico»

El propio sacerdote salió al paso de las publicaciones que presentan el video como un milagro. «Mi experiencia NO fue lo que la Iglesia católica considera un milagro eucarístico», aclaró: el pan y el vino conservaron su apariencia y su sabor durante toda la misa, y afirmó que nunca vio sangre ni carne humana.

Lo describe como una experiencia espiritual privada que quedó a la vista de quienes estaban en la misa, y advierte que ese tipo de encuentros «no son necesariamente señales de la santidad de ninguna persona». El párroco de San Gabriel, Paul Haverstock, también la calificó como una gracia particular y no como un cambio visible de las especies, según Infovaticana.

Bowman cerró su mensaje con la invitación a que el testimonio mueva a los fieles a contemplar «más profundamente» el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.