El Gobierno de Francia comenzó a imponer toques de queda este lunes 19 de octubre, después de un fin de semana de protestas masivas por el costo de la vida que terminaron en saqueos, incendios y enfrentamientos con la policía en varias ciudades del país.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, anunció toques de queda parciales «por territorios», que deberán decretar las prefecturas. En París, la policía fijó un toque de queda de 11 de la noche a 6 de la mañana en la plaza de la República y el sector de Les Halles, y prohibió las manifestaciones en algunas zonas de la capital. También habrá toques de queda nocturnos en Lille, Douai, Wattignies y Denain, y en Marsella se prohibieron las protestas durante la tarde.
El presidente Emmanuel Macron admitió «fallos» en la actuación policial durante los disturbios y pidió «nuevos modos operativos» para «poner fin a los fenómenos de barricadas y saqueos».
Hasta la mañana del lunes, 2,331 personas seguían bajo custodia policial, según el Ministerio de Justicia. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó de unos mil policías heridos y reconoció que se perdió el control en «algunas ciudades». La Cámara de Comercio calcula más de 2,000 comercios afectados.
Por qué protestan
El movimiento comenzó hace alrededor de un mes, cuando estudiantes de secundaria de los suburbios del norte de París reclamaron por la falta de profesores y las malas condiciones de sus escuelas. Luego se sumaron universitarios, docentes, sindicatos, agricultores y antiguos integrantes de los «chalecos amarillos».
Sus reclamos son el alto costo de la vida, la educación pública, el deterioro de los servicios del Estado y la pérdida de poder adquisitivo. El sábado 17 de octubre marcharon en todo el país más de medio millón de personas, según el Gobierno; los organizadores aseguran que fueron muchos más. Un manifestante murió de un paro cardíaco en París, según la prensa.
La mayoría de las marchas fueron pacíficas, pero grupos violentos atacaron comercios, vehículos y edificios públicos en París, Marsella y Limoges. Macron atribuyó los disturbios a grupos radicales y pidió no confundirlos con quienes protestaron de forma pacífica.
La crisis también generó opiniones desde fuera: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, culpó a la inmigración, y el presidente Nayib Bukele escribió en francés que Francia «podría lograrlo en una semana».
Fuentes: El Tiempo, El Imparcial, Infobae y La Nación.





