La Universidad de El Salvador conmemoró este jueves 30 de julio los 51 años de la masacre estudiantil de 1975, uno de los episodios de represión estatal más graves cometidos contra el movimiento universitario salvadoreño. Los actos centrales se realizaron desde las 9:00 de la mañana en el Teatro Universitario Edmundo Barbero, y organizaciones estudiantiles montaron además el Festival 30 de Julio, un espacio de memoria histórica con cantautores y poetas.

Qué pasó el 30 de julio de 1975

Aquel día, una marcha de estudiantes universitarios y de secundaria salió del portón de Humanidades de la UES con rumbo al Parque Libertad. Protestaban por la intervención militar del Centro Universitario de Occidente, en Santa Ana, ocurrida cinco días antes, el 25 de julio.

La manifestación avanzaba sobre la 25.ª Avenida Norte, a la altura del paso a desnivel frente al Hospital General del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, cuando fue emboscada por agentes de la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda y efectivos del Ejército. Los cuerpos de seguridad abrieron fuego contra la marcha pacífica y usaron tanquetas y gases lacrimógenos. El país estaba bajo el gobierno del coronel Arturo Armando Molina; el general Carlos Humberto Romero, quien lo sucedería en la presidencia, era entonces ministro de Defensa.

Las cifras que aún no cierran

Medio siglo después, el número total de víctimas sigue sin establecerse. Según los registros que la propia universidad ha logrado documentar, hasta 2022 se habían identificado 17 personas fallecidas, 38 desaparecidas y 19 lesionadas. Otros recuentos periodísticos elevan la cifra de asesinados hasta medio centenar.

La diferencia no es un detalle: muchos de los cuerpos nunca fueron entregados a las familias. Ese es, precisamente, el reclamo que se repite cada aniversario — el esclarecimiento de lo ocurrido y la localización de los desaparecidos. El lema que la comisión conmemorativa adoptó en años recientes lo resume: «30 de julio, nunca más».

La antesala de la guerra

La masacre marcó un punto de quiebre. La respuesta armada del Estado a una marcha estudiantil cerró los espacios de protesta pacífica y aceleró la espiral de violencia que desembocaría en el conflicto armado de los años ochenta.

La memoria de aquel día quedó inscrita en la ciudad: la avenida frente a la sede central de la UES lleva hoy el nombre de «Mártires Estudiantes del 30 de Julio».