Sin embargo, la promesa está condicionada a que el Partido Republicano logre mantener el control del Congreso en las urnas.
Durante un discurso pronunciado en un evento republicano en Dallas, Texas, el mandatario aseguró que los fondos para este cheque —al que calificó como un "dividendo para el pueblo estadounidense"— provendrán directamente de los ingresos fiscales generados por la recaudación de los aranceles comerciales impuestos a productos extranjeros.
"Si mantenemos la mayoría en el Congreso y ganamos las elecciones de medio término, utilizaremos los miles de millones de dólares recaudados mediante aranceles para devolverle a la ciudadanía lo que le pertenece".
La iniciativa busca incentivar la participación electoral en una contienda legislativa crucial que definirá el equilibrio de poder en Washington.
Críticas y viabilidad financiera
La propuesta no tardó en generar debate entre economistas y sectores de la oposición. Diversos analistas financieros señalan que la recaudación actual por concepto de tarifas arancelarias no alcanzaría para cubrir una transferencia masiva de US$ 5.000 por adulto, una medida que requeriría un desembolso gubernamental superior al billón de dólares.
Líderes de la oposición demócrata han calificado la promesa como una maniobra electoralista insostenible y cuestionan si una medida de esta magnitud cuenta con la viabilidad técnica necesaria para ser aprobada por las vías legislativas correspondientes.
A pesar de las dudas sobre su viabilidad presupuestaria, la oferta se posiciona como una de las propuestas centrales de la plataforma republicana en la recta final de la contienda legislativa.




