Un hombre y una mujer murieron la tarde del sábado dentro de una habitación de motel sobre la carretera que va de Acajutla a Sonsonate, intoxicados por el monóxido de carbono del vehículo en el que habían llegado y que quedó encendido en el lugar.
La secuencia, según la información preliminar que dieron fuentes policiales, empezó con un apagón: durante la estadía de la pareja se suspendió el servicio de energía eléctrica en el establecimiento. El carro —alquilado— quedó en marcha dentro de la cochera contigua a la habitación, un espacio cerrado y sin ventilación, y los gases se acumularon hasta alcanzar una concentración letal.
Sobre por qué el motor siguió encendido hay dos versiones, ambas atribuidas a fuentes policiales: unos medios reportan que la pareja encendió las luces del vehículo para tener iluminación, y otros que lo dejaron andando para mantener el aire acondicionado. Ninguna autoridad lo ha precisado.
La Policía Nacional Civil confirmó el hallazgo en un comunicado: «Reportamos el hallazgo de los cuerpos sin vida de un hombre y una mujer al interior de una habitación de un motel en Sonsonate. Según la información preliminar, ambas personas fallecieron por inhalación de monóxido de carbono. En el lugar fue encontrado encendido el vehículo en el que habían llegado al establecimiento».
Los cuerpos fueron trasladados al Instituto de Medicina Legal. Las autoridades catalogaron el caso preliminarmente como un hecho accidental y mantienen abiertas las líneas de investigación a la espera del resultado forense. Las víctimas eran originarias del distrito de Izalco. La prensa nacional las identificó con sus iniciales —Ezequiel E., de 60 años, y Nancy S., de 29—, aunque al cierre de esta nota ninguno de los dos cuerpos había sido identificado oficialmente. En redes circulan sus nombres completos y fotografías, junto a una edad distinta para él; Pluma Libre no los publica mientras no haya confirmación de las autoridades.
Por qué el monóxido mata sin avisar
El monóxido de carbono que sale del escape de un motor no tiene color, ni olor, ni sabor, y no irrita los ojos ni la nariz. En un espacio cerrado se acumula sin que nadie lo note y desplaza al oxígeno en la sangre: quien lo respira siente dolor de cabeza, mareo y sueño, y puede perder el conocimiento antes de darse cuenta de que algo anda mal. Por eso las intoxicaciones suelen ocurrir mientras las víctimas duermen.

La recomendación de los cuerpos de socorro es simple: nunca dejar un motor encendido en una cochera, un garaje o cualquier recinto cerrado, aunque sea por poco rato y aunque la puerta esté entreabierta. Si se va la energía, conviene alumbrarse con la linterna del teléfono y, ante cualquier síntoma de mareo o dolor de cabeza, salir al aire libre de inmediato.
