La iglesia católica de Saint-Simon, en la Península Acadiana de Nuevo Brunswick, Canadá, ardió hasta los cimientos la madrugada del lunes 24 de agosto. Era un templo de madera de 108 años, el más alto de esa provincia, y la Real Policía Montada lo declaró pérdida total.
Los bomberos recibieron la alarma cerca de las 3:30 de la mañana. Tres cuerpos acudieron y no pudieron salvar la estructura.
Un vecino del mismo pueblo, acusado
Ese mismo día la policía detuvo a Gilles Mallet, de 68 años y residente de Saint-Simon, y lo acusó de incendio intencional. Compareció ante el tribunal provincial de Bathurst, quedó en custodia y su audiencia de fianza se fijó para el 28 de agosto. La policía no ha dicho cuál fue el motivo.
«Este suceso nos ha sumido en una profunda tristeza», dijo el obispo de Bathurst, Michel Proulx, que se declaró devastado por la pérdida.
Por qué se volvió viral
El caso corrió por redes a partir de una publicación de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, en Coatzintla, México, que lo tituló «El odio a la fe aumenta en Canadá» y que superó las 65 mil reacciones. Esa publicación afirma que desde mayo de 2021 al menos 33 iglesias canadienses han sido reducidas a cenizas y que 24 de esos casos son incendios provocados confirmados.
Lo que sí está documentado por la prensa canadiense es la ola de incendios y actos de vandalismo contra templos que empezó en 2021, tras el hallazgo de tumbas sin marcar en antiguos internados para niños indígenas. En el caso de Saint-Simon, la investigación sigue abierta y el acusado no ha sido juzgado.
