A 40 años del suceso, sobrevivientes, cuerpos de socorro y autoridades conmemoran la fecha no solo para honrar la memoria de las víctimas, sino también para reflexionar sobre los avances y desafíos del país en materia de gestión de riesgos e infraestructura.

​38 segundos que paralizaron al país

​Aquel viernes de 1986, el sismo —con una magnitud de 5.7 en la escala de magnitud de momento y un epicentro somero localizado en las cercanías de los Planes de Renderos— duró poco menos de un minuto. Sin embargo, la poca profundidad de la falla cortical y la alta densidad poblacional provocaron una destrucción catastrófica en el corazón del Gran San Salvador.

​El contexto político y social de la época multiplicó el impacto del desastre: el país se encontraba en el apogeo de la guerra civil salvadoreña, lo que dificultó las primeras horas de rescate y la movilización de recursos en una infraestructura golpeada por el conflicto armónico.

​Cifras de una tragedia imborrable

​Las secuelas del terremoto convirtieron a San Salvador en una zona de desastre:

​Víctimas mortales: Se calcula que entre 1,500 y 2,000 personas perdieron la vida a causa de los derrumbes.

​Heridos y afectados: Más de 10,000 personas sufrieron lesiones y cerca de 200,000 quedaron desamparadas.

Destrucción de infraestructura: Cerca del 80 % del centro histórico de San Salvador colapsó o sufrió daños severos. El sistema de salud colapsó casi en un 90 %, con graves afectaciones en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom y el Hospital General del ISSS.

​El colapso del Edificio Rubén Darío se transformó en el símbolo máximo de la tragedia; solo en esa estructura comercial de varias plantas fallecieron alrededor de 500 personas. Asimismo, la trágica caída de la Escuela Santa Catalina cobró la vida de decenas de niñas en el barrio San Jacinto.

​El nacimiento de la cultura de prevención

​El impacto de 1986 no solo redefinió la arquitectura y el trazado del centro capitalino, sino que marcó un punto de inflexión en las regulaciones de construcción en El Salvador. La tragedia impulsó la adopción del primer Código de Diseño Símico en el país, obligando a edificaciones posteriores a cumplir con estándares técnicos de rigurosidad.

En los actos conmemorativos celebrados este día en el Centro Histórico y en distintos puntos de la capital, los socorristas de Cruz Roja, Cruz Verde y Comandos de Salvamento que participaron en las labores de rescate hace 40 años fueron recordados con honores.

​A cuatro décadas del temblor, San Salvador recuerda a sus ausentes reafirmando la importancia de la prevención y la resiliencia comunitaria frente a la naturaleza.